Uno de cada cinco jóvenes españoles ya le cuenta sus problemas personales a una IA

La inteligencia artificial generativa empezó siendo una herramienta para hacer cosas más rápido. Escribir un correo, resumir un PDF, resolver una duda, preparar un examen o encontrar ideas para un trabajo. Pero poco a poco está ocupando otro espacio bastante más difícil de definir: el de las conversaciones personales.
Uno de cada cinco jóvenes españoles de la Generación Z que utiliza IA asegura que recurre a ella para hablar de cuestiones personales que preferiría no compartir con otras personas.
El dato procede de una investigación del Centro de Investigación Interna de Kaspersky entre usuarios de herramientas de inteligencia artificial y dibuja una situación que hace unos años habría resultado bastante extraña: confesarle un problema a una máquina puede resultar más sencillo que contárselo a alguien.
La explicación puede estar, al menos en parte, en la propia naturaleza de estos sistemas. Una IA conversacional está disponible a cualquier hora, no pone cara de sorpresa, no interrumpe y permite escribir y borrar antes de enviar. Tampoco hace falta quedar con nadie ni explicar por qué se quiere hablar.
Confianza con letra pequeña
El 64% de los usuarios españoles de IA de la Generación Z afirma utilizar estas herramientas todos los días o casi todos los días, frente al 39% del conjunto de usuarios españoles.
Los usos más habituales siguen siendo bastante prácticos: buscar información (63%), estudiar (59%), generar ideas (47%) y trabajar (29%). Pero un 15% asegura que utiliza a ChatGPT -y asistentes similares- como si fuera un amigo, un porcentaje similar al de los millennials y superior al de la Generación X (8%).
El problema es que esa confianza no siempre viene acompañada de precaución. Solo el 41% de los usuarios de IA de la Generación Z en España asegura aplicar siempre medidas de protección cuando utiliza estas herramientas. Otro 51% lo hace solo en algunas ocasiones y un 8% no toma ninguna precaución.
Y cuanto más personal es la conversación, más fácil resulta compartir información que quizá no debería acabar en un chatbot: documentos, datos financieros, información médica, conversaciones privadas o cualquier otro detalle sensible.
Además, que una IA responda con naturalidad no significa que tenga razón. Puede equivocarse, inventar información o interpretar mal una situación.
Para Vladislav Tushkanov, Group Manager del Kaspersky AI Technology Research Center, «el hecho de que algunos jóvenes utilicen ahora la IA como un amigo demuestra lo rápido que está cambiando la relación entre las personas y la tecnología». Pero advierte de que una interacción que parece personal «no debe confundirse con una conversación privada o completamente fiable».
Alberto Payo
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