El uso de copilotos de IA en sanidad perjudica la relación entre el médico y sus pacientes

| 8 septiembre, 2026 | 0 comentarios

El uso de copilotos de IA en sanidad perjudica la relación entre el médico y sus pacientes

Ya es una realidad. Llamas a tu compañía eléctrica, y te responde en primer lugar una IA. Asistes a una reunión y una máquina te hace un resumen de las conclusiones. Y ahora también sabes que, cuando vayas al médico, este podrá concentrarse en mirarte a los ojos porque tendrá un copiloto virtual encargándose de anotar tu relato.

Las ventajas para este último uso parecen indiscutibles. Ante una sanidad saturada, esta tecnología promete una oportunidad única para reducir la carga burocrática y administrativa del profesional clínico y liberar, así, parte de su tiempo, atención y energía para lo que de verdad importa: escuchar al paciente y brindarle un trato más humano. Sin embargo, ¿estamos prestando suficiente atención a sus potenciales inconvenientes?

Es la pregunta que se hacen tres investigadores de la Universidad de Edimburgo en una revisión de 27 publicaciones científicas y médicas sobre el uso de escribas digitales en la práctica clínica recientemente publicada en BMJ Digital Health & AI.

En su análisis, los académicos advierten de que el uso de estos copilotos podría interferir de manera negativa en la relación entre el paciente y el profesional clínico, al tiempo que podría provocar en el segundo una pérdida de ciertas habilidades de razonamiento y reflexión.

La IA que no capta los matices

Los escribas clínicos actuales usan IA ambiental para registrar la conversación entre el profesional sanitario y el paciente y generar automáticamente un borrador de la documentación clínica que se incorporará después a la historia de este último.

El problema es que, con su nivel de desarrollo actual —quién sabe si esto también podría cambiar de aquí a unos años—, la máquina no consigue captar ciertos aspectos que pueden ser fundamentales para entender el estado de quien acude a consulta. La IA anota lo que dice el paciente, los hechos clínicos, pero no es capaz de registrar los mensajes que lanza con sus gestos y expresiones faciales, sus vacilaciones o sus silencios; algo que, en muchos casos, puede dar mejores pistas sobre su situación emocional y sobre cómo está experimentando la enfermedad.

No solo eso, según este análisis, cuando saben que la consulta está siendo grabada y procesada por un asistente virtual, muchos pacientes se muestran reticentes a revelar información sensible —como el abuso de sustancias, situaciones de violencia doméstica o problemas de salud mental—, lo que puede acaban resultando en un abordaje menos apropiado de su patología.

La IA que te ahorra razonar

La otra llamada de atención tiene que ver con el hecho de delegar en la máquina una tarea aparentemente tan sencilla y de tan poco valor como tomar notas.

Según los autores de este artículo, el registro manual ayuda al razonamiento y la reflexión, por lo que la externalización de ese esfuerzo mental (delegación cognitiva) puede llevar a la pérdida de ciertas habilidades por parte del personal sanitario. Es más, algunos profesionales clínicos que han usado estas herramientas han declarado no reconocer sus propias notas o no recordar al paciente cuando vuelve a consulta.

Recomendaciones para un futuro de copilotos

En países como EE.UU, Reino Unido, Canadá, Australia y España, los escribas clínicos de IA han dejado de ser simples pilotos para integrarse en la práctica de centros públicos y privados.

Sin ir más lejos, en nuestro país el Ministerio de Sanidad coordinó en 2025 un piloto en 44 centros de Atención Primaria, con 182 profesionales y más de 5.263 consultas asistidas, dentro de un programa que prevé extender la transcripción conversacional a todas las comunidades autónomas antes de 2027. Además, este tipo de asistentes virtuales ya se utiliza en otros tantos hospitales privados como el Sant Joan de Déu, que la ha probado en consultas pediátricas, y la red Quirónsalud a nivel nacional.

De ahí, dicen estos investigadores, la importancia de revisar su diseño para que priorice capturar la voz del paciente con precisión y de seguir investigando el impacto de su uso a medio y largo plazo y sus riesgos emergentes, sobre todo, cuando estas herramientas se emplean en países con sistemas sanitarios distintos de aquellos en los que se han desarrollado.

¿Grabadoras imperfectas o creadores de relato?

Junto a la reflexión sobre qué pueden o no registrar los sistemas de IA actuales, existe otra que tiene que ver con su propia naturaleza. En esta línea, otro artículo publicado en The Lancet el pasado agosto advertía de que, incluso aunque se pudiera conseguir una grabación perfecta de lo que sucede en consulta, no se puede obviar que se trata de “tecnologías narrativas”; esto es: copilotos que analizan, seleccionan, ordenan y jerarquizan información para construir una versión determinada de la historia del paciente. Esa selección puede eliminar contradicciones o partes del contexto personal, familiar o social que no encajan fácilmente en categorías clínicas. Resolver estas debilidades es clave para evitar que estos escribas digitales profundicen en daños ya existentes y sirvan a su fin último: garantizar una atención más humana y de confianza.

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