Mo Gawdat: «El mundo a finales de 2027 será irreconocible comparado con lo que conocemos hoy»

| 28 septiembre, 2026 | 0 comentarios

Mo Gawdat: "El mundo a finales de 2027 será irreconocible comparado con lo que conocemos hoy"

Para entender el calado de las advertencias que Mo Gawdat lanzó la semana pasada durante su intervención en el evento Info Tech Live Barcelona -al que Applicantes acudió como único medio español- conviene alejarse primero de la figura clásica del profeta apocalíptico de Silicon Valley.

Gawdat no es un teórico de sillón ni un tecnófobo recién convertido, es un «geek muy serio» que programaba ya a los ocho años tras ensamblar su propio ordenador y que pasó una buena temporada en las tripas de Google. De hecho, ayudó a lanzar casi la mitad de las operaciones globales del gigante tecnológico antes de dirigir la estrategia de negocio en Google X, que alberga algunas de las innovaciones más ambiciosas de la firma de Mountain View.

Sin embargo, su trayectoria profesional dio un vuelco drástico tras la trágica pérdida de su hijo mayor, Ali. Aquella conmoción vital lo llevó a escribir su primer libro, el Algoritmo de la Felicidad (Solve for Happy), iniciando una misión global para «hacer felices» a 1.000 millones de personas. Su trabajo posterior cuatro años después con el superventas Scary Smart lo consolidó como una de las voces más respetadas del mundo sobre tecnología, ética y sentido humano.

Hoy, Gawdat combina esa faceta de divulgador con la acción directa a través de su nueva startup, Emma.love. Valorada en 100 millones de dólares tras su lanzamiento, la plataforma busca aplicar la IA de forma ética para combatir la epidemia de soledad y fomentar conexiones humanas auténticas, demostrando en la práctica la abrumadora eficiencia del software moderno: desarrollada con un equipo de tan solo «dos geeks y un humano» apoyados en directores de marketing y jefes de gabinete basados en agentes de IA.

Frente al discurso grandilocuente y las promesas de los grandes directivos de Silicon Valley, Gawdat contrapone lo que denomina la ‘paradoja del hype’. Sostiene que la verdadera revolución no exige esperar a una Inteligencia General Artificial (AGI) omnisciente que supere a la humanidad en todas las tareas, sino aprender a explotar los modelos de Inteligencia Humana Promedio (AHI) que ya están disponibles.

A su juicio, la narrativa insistente de la AGI responde más a dinámicas financieras que a necesidades reales de innovación. «Las empresas lo hacen para ganar dinero, tienen que convencer a todo el mundo de que la superinteligencia está al caer para inflar sus valoraciones y justificar infraestructuras multimillonarias», señala.

Esta aceleración técnica, impulsada por lo que el exdirectivo de Google X llama la ‘automejora recursiva’ —sistemas de IA que optimizan su propio código y corrigen sus fallos sin intervención humana—, augura un horizonte cercano radicalmente distinto. Gawdat sitúa en el año 2027 el umbral de una ‘explosión agéntica’, donde enjambres de agentes autónomos tomarán decisiones a microsegundos en la economía y la gestión, a velocidades inasumibles para el cerebro humano.

«Estamos desarrollando IAs cada vez más rápidas. No solo la IA agéntica está a la vuelta de la esquina, sino que la ASI (Superinteligencia Artificial) está a la vuelta de la esquina», advierte, remarcando la inminencia de un giro técnico y socioeconómico profundo: «El mundo a finales de 2027 será irreconocible comparado con lo que conocemos hoy».

Quince años de infierno antes de que exista una utopía

Mo Gawdat: "El mundo a finales de 2027 será irreconocible comparado con lo que conocemos hoy"

Esta disrupción prevista para 2027 constituye el eje de Chasing Utopia, su película documental. El filme sigue a Gawdat en una gira global donde plantea el dilema existencial definitivo: si la superinteligencia artificial se convertirá en el mayor logro de nuestra especie o en su absoluta perdición. Acompañado por los testimonios de figuras clave como Sam Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI), Geoffrey Hinton o Mark Zuckerberg (Meta), el documental equipara la actual carrera desenfrenada en el desarrollo de la IA con el ‘Momento Oppenheimer’ y la creación de la bomba atómica, subrayando la urgencia de introducir un marco moral antes de que se pierda el control de las decisiones autónomas de las máquinas.

El núcleo de la tesis de Gawdat en Chasing Utopia se centra en la ventana temporal de los próximos «15 años en el infierno». Gawdat explica que la tecnología en sí carece de polaridad, pero al desplegarse actúa como un espejo hiperamplificado que multiplica los peores rasgos del sistema humano actual: la codicia corporativa, el engaño y las ansias de poder. La transición hacia una Superinteligencia benévola exigirá atravesar una década y media de profunda inestabilidad social, donde el software moldeará de forma sutil pero devastadora la percepción de la población, redirigiendo sus decisiones políticas y de consumo sin que nadie perciba la manipulación.

Consciente de que los discursos públicos tradicionales ya no frenan esta inercia, Gawdat ha reorientado por completo su estrategia de concienciación. En lugar de limitarse al circuito comercial, su equipo está proyectando el documental a puerta cerrada ante monarcas, primeros ministros y jefes de Estado para abrir debates éticos directos al más alto nivel antes de que la inestabilidad sea irreversible.

«Definitivamente, creo que para que todos estemos a salvo en este mundo que viene, si tenéis alguna influencia en el gobierno, debéis empezar a actuar», pidió a la audiencia en Barcelona. Parte de esta urgencia radica en la acelerada militarización del sector: «Odio deciros esto, pero ¿Cuál fue el mayor uso de la IA en términos de unidades el año pasado? Máquinas de matar automatizadas, drones autónomos. La cantidad de ellos que se están fabricando simplemente no está bien», lamentaba.

Pese a la severidad del diagnóstico, el emprendedor descarta las visiones de colapso apocalíptico absoluto. Frente a quienes estiman un 10% de probabilidad de extinción humana, Gawdat confía en que la ética de los sistemas crecerá de forma paralela a su capacidad de cómputo.

«Si empezamos a usar la IA para el bien, mi convicción es que la IA misma será nuestra salvación. Puede que hayáis oído hablar del ingeniero de Anthropic que dijo que hay un 10% de riesgo de extinción para la humanidad por la IA; yo realmente no creo eso en absoluto», ha apostillado. Su confianza se fundamenta en principios evolutivos y físicos: existen «muchas teorías científicas que demuestran que cuanto más inteligente te vuelves, más benévolo te vuelves, porque no necesitas hacer trampas para tener éxito».

Un plan de acción con tres pilares

Ante este escenario de cambio vertiginoso, Gawdat insiste en que lo peor que puede hacer un individuo o un directivo es desentenderse o quedarse paralizado. Por ello, propone una hoja de ruta muy concreta articulada en torno a la preparación personal, técnica y ética:

  1. Convertirse en el ‘geek’ (herramientas, conocimiento y ritmo): Gawdat anima a todo el mundo a perder el miedo a la tecnología. En la era de la IA ya ni siquiera hace falta saber programar código tradicional, pero es imprescindible entender qué herramientas existen para cada sector y mantenerse al día. Recomienda dedicar aunque sea una hora a la semana a investigar las novedades de IA en nuestro campo profesional y asumir el ritmo acelerado de cambio como la nueva normalidad.
  2. Diversificar opciones y herramientas: Pide no apostar ciegamente por un solo proveedor ni encadenarse a contratos rígidos de cinco años. Recomienda probar diferentes modelos (incluyendo la combinación de herramientas occidentales y chinas de código abierto, como él mismo ha hecho en Emma.love mezclando Gemini y DeepSeek) y diversificar tanto la carrera profesional como la vida personal para mantener siempre alternativas abiertas.
  3. Construir y desplegar IA de forma ética: Frente al argumento de la resignación, Gawdat apela a la responsabilidad individual. El dilema de «educar a Superman» requiere que cada profesional, desarrollador o empresa se comprometa a construir y utilizar herramientas que generen un impacto positivo real. Al igual que él decidió lanzar Emma para combatir la soledad en lugar de enriquecerse a costa de los usuarios, sostiene que si la comunidad impulsa proyectos nobles, se creará un círculo virtuoso donde la IA actuará como una fuerza benévola.

¿Cómo afectará esta nueva IA al trabajo y al pensamiento individual?

Mo Gawdat: "El mundo a finales de 2027 será irreconocible comparado con lo que conocemos hoy"

En el turno de preguntas y respuestas posterior a su charla magistral y al que pudimos acudir desde Applicantes, Gawdat abordó el impacto de esta reestructuración sobre el modelo productivo y la viabilidad fiscal de las soluciones planteadas por la élite tecnológica. Para el exdirectivo de Google X, la Renta Básica Universal (RBU) es un espejismo matemático: sostener a una población despojada de empleo exigiría presupuestos que quadruplicarían toda la recaudación fiscal de países como EE.UU.

«La renta básica universal no se puede implementar, no salen las cuentas», sentenció, advirtiendo de que las grandes corporaciones utilizarán la tecnología como pretexto para camuflar recortes. «Los legisladores o los CEO usarán la IA como una coartada para evitar la presión económica que los lleva a despedir gente».

Frente a la sustitución masiva, Gawdat aboga por implantar la integración simbiótica entre el profesional y el software. «Es la inteligencia aumentada lo que necesita implementarse. Es la idea de que, en lugar de reemplazar a los humanos con IA, necesitamos aprender a hacer a los humanos más inteligentes gracias a la IA, más de lo que lo serían una IA sola o un humano solo».

Esta alianza transformará la investigación científica. «En matemáticas y ciencia vamos a ver avances masivos, y esos avances masivos van a cambiar la forma en que vemos el mundo en general. Van a cambiar la forma en que inventamos e innovamos. Lo verás más adelante, pero habrá cosas que descubriremos sobre el mundo en 2027 que nos volarán la cabeza. Cítame en eso; pagaré un café en Barcelona el próximo año si me equivoco», vaticinó Gawdat, argumentando que el razonamiento a largo plazo confiado a redes de agentes permitirá resolver dilemas científicos complejos en cuestión de días.

Durante la sesión de Q&A, desde Applicantes pudimos plantearle directamente al ex responsable de Google una de las cuestiones más inquietantes vertidas en su documental Chasing Utopia: la velocidad a la que la IA está cambiando ya nuestra percepción, nuestra realidad y nuestro propio juicio sin que apenas lo percibamos.

Gawdat no dudó en señalar la trascendencia del dilema: «Tengo que decir que esa es probablemente la pregunta más importante de todas. Odio decir esto, pero desde que comenzaron las redes sociales, el trabajo más grande que le hemos dado a la IA es manipular la mente humana», afirmó.

Gawdat desgranó cómo esta manipulación opera en dos planos interconectados. Por un lado, existe un condicionamiento directo sobre los circuitos de la química cerebral. En las plataformas de vídeos cortos o reels, los algoritmos aprenden a dominar el ciclo de dopamina del usuario a un nivel casi quirúrgico: «Te dan tres reels malos y justo cuando estás a punto de dejar el teléfono, te dan uno con una descarga de dopamina para que sigas deslizándote durante horas».

Por otro lado, operan las consecuencias no intencionadas de los filtros burbuja. Los motores de recomendación devuelven un reflejo hipertrofiado de las propias creencias del individuo, dinamitando el contraste de pareceres: «Si miras mi algoritmo de YouTube, está completamente alineado con mi visión del mundo. Si eres demócrata o republicano, YouTube te dirá por igual que eres el mejor tipo que existe y que el otro tipo está absolutamente equivocado».

Sin embargo, el fenómeno más preocupante expuesto por el exdirectivo de Google X es la combinación entre el entrenamiento sintético y la degradación del espacio público de información. Tras alimentar a las máquinas con todo el saber acumulado por la humanidad hasta 2024 o 2025, el sector tecnológico ha pasado a entrenar a las nuevas generaciones de IA utilizando datos y problemas complejos creados por otros propios modelos de IA.

A su vez, estas herramientas conectadas a la red vuelcan toneladas de contenidos sintéticos a Internet, cerrando un bucle donde los seres humanos terminan consumiendo y repitiendo la sintaxis prefijada del software. «Calculo que tal vez uno de cada cuatro vídeos de YouTube que veo hoy (y soy muy sensible a eso) es un humano leyendo lo que hay en una pantalla escrito por una IA. Es solo un títere, realmente».

El experto detalló que existen muletillas y patrones sintácticos propios de los modelos —como la recurrencia sistemática a estructuras del tipo «no solo esto, sino también aquello» o la sobreactuación en adjetivos— que delatan de inmediato cuándo un presentador enfático se limita a vocalizar un guión redactado por un algoritmo. Esta espiral de contenido autorreferencial y reempaquetado «nos llevará en una dirección de volvernos cada vez más estúpidos».

Para prevenir una pérdida generalizada de autonomía cognitiva, Gawdat urge a remodelar el sistema educativo. Del mismo modo que la entrada de las calculadoras científicas elevó el nivel de la enseñanza en ingeniería, los modelos de lenguaje deben usarse para asumir la tarea base y liberar ancho de banda para el razonamiento superior. «Creemos muchos genios. La inteligencia base ya no importa. Lo que importa es qué tan eficientemente aumentas tu base con la inteligencia artificial».

De no encauzar este cambio de mentalidad, la sociedad se encamina hacia una brecha cognitiva insalvable. Según su visión. «con la IA lo que desafortunadamente sucederá es que habrá una dicotomía masiva en la humanidad: algunos se volverán mucho más inteligentes y otros se volverán completos idiotas».

Alberto Payo

Alberto Payo

Periodista especializado en tecnología y cultura. Co-fundador y responsable editorial de Applicantes. Colaborador de Forbes, SINC, Escudo Digital y laBerrea89. Amante de la fotografía, el cine, los comics, los viajes y el buen humor.
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