El paradigma agéntico: cuando la inteligencia artificial empieza a mandarle tareas al humano

La evolución de la inteligencia artificial corporativa camina hacia un punto de inflexión que, aunque se viene anticipando en los últimos meses, promete reconfigurar a futuro la dinámica de trabajo en las organizaciones.
Durante el Simposium 2026 de Ingram Micro -al que Applicantes ha podido asistir como invitado- Magda Teruel, referente y divulgadora de IA y Copilot en Microsoft, ha abordado el horizonte al que se dirigen las empresas con la consolidación del modelo agéntico frente a los asistentes actuales.
Su visión proyecta el escenario definitivo que está por venir: una arquitectura donde los agentes digitales terminarán asumiendo procesos completos en paralelo y llegarán a gestionar el flujo operativo, derivando en los profesionales humanos aquellas tareas específicas que requieran su validación o criterio.
Este modelo futuro busca responder a la brecha estructural de capacidad que afecta a la mayoría de las plantillas y que se ha convertido en un tema recurrente en el análisis del entorno laboral. Ante una fuerza de trabajo que opera al límite, la IA generativa se perfila como el mecanismo clave para absorber progresivamente ese exceso de demanda.
«Hasta ahora lo estábamos solucionando con todos nuestros usuarios pidiéndole cosas a Copilot o a cualquier asistente de IA de manera interactiva. Eso nos permite llenar un poquito del tanque, pero lo que lo va a llenar del todo son los agentes», ha asegurado Teruel.
Esta futura convivencia operativa entre la automatización y la supervisión humana enlaza con las tesis de Satya Nadella, CEO de Microsoft, sobre cómo deberá entenderse la dirección organizativa en los próximos años.
El mandamás de Redmond vislumbra que los líderes empresariales tendrán que aprender a administrar dos activos complementarios en su día a día: el capital humano y el capital de tokens. Así, el rendimiento de las compañías dependerá de la capacidad estratégica para determinar qué áreas del proceso se entregarán al cálculo y razonamiento computacional masivo y en qué nodos clave seguirá siendo imprescindible incorporar la experiencia y el juicio de los profesionales.
Lo que pasa en una reunión ya no se queda en la reunión

Uno de los aceleradores clave de esta transición será la progresiva capacidad de la tecnología para transformar el conocimiento no estructurado en activos útiles sin necesidad de volcado manual.
Cerca del 90% de la información implícita de una empresa se sustenta en emails, chats o grabaciones de reuniones, inaccesibles para el software tradicional. A través de los llamados modelos IQ de Microsoft —y en concreto de Work IQ, la inteligencia contextual que nutre a Copilot—, la IA abstrae el contexto de trabajo del usuario, identificando con quién colabora, qué correos ha recibido o cuál es su estilo de redacción habitual.
Al ilustrar cómo una reunión informal o una entrevista comercial grabada puede convertirse de forma automatizada en un agente operativo, la ponente ha destacado el valor de este proceso: «Lo que pasa en las reuniones es un conocimiento supervalioso; es una forma brillante de capturar esa sabiduría colectiva».
El mapa de trabajo mantendrá los cuatro niveles que ya conocemos —asistir, delegar, crear y automatizar—, pero el verdadero vuelco llegará cuando demos el salto masivo hacia la delegación y la automatización mediante agentes inteligentes.
En herramientas como Cowork —creada junto a ingenieros procedentes de Anthropic— o en flujos agénticos con participación humana, la rutina de trabajo dará un vuelco radical. El profesional ya no tendrá que picar piedra ni construir las cosas desde cero paso a paso; su labor se centrará en fijar los objetivos iniciales y marcar las reglas del juego. A partir de ahí, la inteligencia artificial se encargará del trabajo pesado y la persona pasará a ser un supervisor estratégico (Human-in-the-review), interviniendo solo para revisar, ajustar o dar el visto bueno final, según augura Teruel.
«Los agentes van a ser los que nos van a mandar tareas a nosotros. Cuando haya una tarea que requiera la intervención de una persona, el agente dirá ‘para esto necesito un humano’, y estaremos en una cola haciendo las cosas que solo podemos hacer nosotros. Es un cambio de paradigma total», subraya la experta.
Esta reorganización no busca solo ahorrar tiempo, sino subir el listón de la calidad y asegurar que las cosas salgan bien siempre, no de casualidad. Para explicar el método que exigirá este nuevo escenario, Teruel recurrió a la analogía del póker: «El mérito no es hacer algo bueno una vez, sino saber cómo repetirlo. En una mano cualquiera de póker, cualquiera le puede ganar a un profesional por suerte; pero cuando juegas una cantidad alta de partidas, la calidad acaba poniendo a cada uno en su sitio».
La portavoz de Microsoft está convencida de que tal y como avanza la inteligencia artificial, el valor real no estará en acertar de chiripa con un buen prompt puntual, sino en dar con procesos claros y repetibles que garanticen la excelencia de forma constante.
Alberto Payo
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