B-Ride: “Rediseñamos la experiencia de las apps de movilidad desde la lógica del conductor y del usuario”

A veces hay que dejar la zona de confort para que la creatividad brote. Eso es lo que le ocurrió a un joven mexicano llamado Luis Toscano.
Cruzar el charco como Erasmus para finalizar su grado en Ingeniería Informática en la Universidad Católica de Ávila le permitió dar forma a una aplicación de transporte privado que aspira a rivalizar con los grandes players del sector. Su apuesta es la libertad que ofrece a conductores y usuarios y el modelo ético sobre el que se sustenta.
Hemos hablado con Toscano para conocer la historia detrás de B-Ride, una startup nacida entre México y España que ya suma más de 120.000 usuarios y que quiere abrirse paso en un mercado dominado por gigantes internacionales.
– ¿Cómo surgió la idea de crear B-Ride y qué problema concreto viste en plataformas como Uber, Cabify o DiDi que quisieras resolver?
– El problema es claro y lo viven millones de personas: las plataformas actuales funcionan como cajas negras. El conductor no sabe cuánto va a ganar hasta que termina el viaje, el usuario no tiene margen de negociación, y ambos están sometidos a algoritmos que ninguno controla.
Además, los conductores cargan con comisiones altísimas que se llevan una parte desproporcionada de sus ingresos. Yo quería crear una plataforma donde tanto el conductor como el pasajero tuvieran agencia real, no solo ser piezas de un sistema diseñado exclusivamente para maximizar los márgenes de la empresa.
“Las plataformas actuales como Uber o Cabify funcionan como cajas negras”
– Has comentado que el proyecto nació después de mudarte a España. ¿Cómo ha influido vivir en Europa en el diseño y planteamiento de la aplicación?
– Vivir en Europa me dio perspectiva. Aquí la conversación sobre derechos de los trabajadores de plataformas es mucho más madura, hay legislación activa, sindicatos que presionan y una cultura donde el usuario también exige transparencia.
Eso me hizo replantear B-Ride no como una app más de transporte, sino como una plataforma con un modelo ético en su centro. Europa me enseñó que la sostenibilidad de un negocio de este tipo depende de que todos los actores ganen, no solo la empresa.

– ¿Cómo desarrollaste la app?
– B-Ride la desarrollé desde cero, tomando decisiones técnicas y de producto en paralelo. Gran parte de la base conceptual y técnica la fui construyendo durante mi formación en la UCAV, la Universidad Católica de Ávila, donde no solo adquirí los conocimientos que me permitieron afrontar un proyecto de esta escala, sino que también conté con el apoyo de profesores cuando tenía dudas técnicas, conceptuales o simplemente lo que aprendía en mis clases. Todo esto marcó una diferencia real.
Trabajé en la arquitectura de la plataforma pensando desde el inicio en escalabilidad, porque sabía que, si funcionaba, tendría que soportar miles de usuarios simultáneos.
El desarrollo combinó trabajo propio, e incorporamos herramientas de inteligencia artificial aplicadas al desarrollo de software para acelerar procesos como la generación de código, la detección de errores y la optimización de funcionalidades. Esto nos permitió iterar mucho más rápido de lo que habría sido posible con métodos tradicionales. No seguimos el camino de copiar el modelo existente, sino que rediseñamos la experiencia desde la lógica del conductor y del usuario.
“Europa me enseñó a replantear B-Ride no como una app más de transporte, sino como una plataforma con un modelo ético en su centro”
– ¿Cuánto tiempo te ha llevado?
– Aproximadamente 7 a 8 meses de desarrollo activo. Es un tiempo relativamente corto para lo que representa una plataforma de movilidad, pero fue posible gracias a los factores que te comentaba: el respaldo académico de los profesores y la IA multiplicando nuestra capacidad de ejecución. Hoy ya contamos con 121.000 usuarios en México, lo que valida que el ritmo fue el correcto.
– ¿Qué funcionalidades novedosas tiene B-Ride?
– La más disruptiva es el sistema de puja, que no existe en ninguna de las plataformas líderes. Además, integramos un modelo de bonos diarios para conductores, que les permite aumentar sus ingresos de forma progresiva según su actividad.
También rediseñamos la lógica de comisiones para que sean más justas y transparentes, y pusimos especial énfasis en la experiencia del conductor como usuario prioritario, algo que las grandes plataformas históricamente han ignorado.
Ninguna plataforma líder tiene esto. Uber, Cabify y DiDi compiten entre sí replicando el mismo modelo con variaciones mínimas.

– ¿Puedes detallarnos cómo funciona el sistema de puja exactamente?
– El sistema de puja permite que el conductor pueda proponer o aceptar un precio por el viaje dentro de un rango determinado, en lugar de recibir una tarifa impuesta algorítmicamente.
El usuario lanza su solicitud de viaje y los conductores cercanos pueden pujar por ese trayecto. Esto genera una dinámica de mercado real: el usuario puede elegir entre varias opciones según precio, valoración del conductor o tiempo de llegada. Es transparente, competitivo y elimina la sensación de arbitrariedad que tienen los usuarios con el surge pricing tradicional.
“El usuario elige entre varias propuestas según precio, valoración del conductor o tiempo de llegada, introduciendo un grado de decisión que no hay en los modelos tradicionales”
– B-Ride promete “más libertad” para conductores y usuarios. Más allá de lo que nos has contado ¿En qué se traduce eso exactamente dentro de la experiencia de uso?
– Para el conductor significa poder decidir qué viajes acepta, tener visibilidad del destino antes de confirmar y acceder a un modelo de ingresos donde el esfuerzo se traduce directamente en recompensa, sin que un algoritmo opaco lo penalice.
Para el usuario, se traduce en poder negociar, elegir con quién viaja y confiar en que el precio que ve es el resultado de un proceso real, no de una fórmula diseñada para extraer el máximo en momentos de alta demanda. La libertad en B-Ride no es un eslogan, es una decisión de diseño.
– Uno de los puntos que has mencionado es que los conductores podrán generar mayores ingresos mediante bonos diarios. ¿Cómo funciona el modelo de monetización de B-Ride y de qué manera gana dinero la plataforma?
– B-Ride cobra una comisión por viaje, pero significativamente menor que la competencia. Los bonos diarios funcionan como un sistema de incentivos escalonado: cuantos más viajes completa un conductor en un día, mayor es el bono que recibe.
Esto nos beneficia mutuamente, porque un conductor más activo genera más transacciones para la plataforma. La plataforma gana a través del volumen, no exprimiendo el margen de cada viaje. Es un modelo donde el crecimiento de B-Ride está directamente alineado con el crecimiento de los ingresos de los conductores.
“Nuestra plataforma gana a través del volumen, no exprimiendo el margen de cada viaje”
– Lanzar una app de movilidad implica retos regulatorios importantes, especialmente en Europa y España. ¿Qué obstáculos legales o administrativos te has encontrado hasta ahora?
– En México la situación es bastante manejable, los requisitos para operar una app de movilidad existen, pero ninguno es especialmente difícil de conseguir, lo que nos permitió arrancar allí y construir masa crítica rápidamente.
España es otra historia. Las licencias VTC están muy limitadas y su obtención es costosa y lenta. Para la expansión aquí y al resto de Europa, estamos trabajando en entender a fondo la normativa VTC en cada comunidad autónoma, la nueva directiva europea sobre trabajadores de plataformas y los requisitos de protección de datos bajo el RGPD.
Asimismo, estamos trabajando en alcanzar el capital necesario para afrontar esa expansión de forma sólida. No es un camino sencillo, pero es un proceso que hay que hacer bien desde el principio para construir algo sostenible a largo plazo.
Alberto Payo
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