Marcos Alonso: «La IA generativa está provocando una crisis de identidad en el ser humano»

El investigador en filosofía de la tecnología y divulgador Marcos Alonso ha sido uno de los ponentes del AMETIC AI Summit que ha puesto una nota más original y reflexiva a su exposición sobre el escenario.
La intervención de este profesor de bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid combinó historia de la tecnología, crítica cultural y una llamada a repensar el impacto real de la IA.
Lejos de una visión apocalíptica o tecnófoba, Alonso defendió que la tecnología es inseparable de la condición humana, aunque insistió en que tendemos a ocultar sus costes materiales y sus implicaciones éticas.
Su discurso arrancó con una reivindicación poco habitual: la Grecia clásica no solo fue el origen de la filosofía o la democracia, sino también de una auténtica “base tecnológica” de la civilización occidental.
Según explicó, inventos como el tornillo o la grúa, junto con el desarrollo de la ingeniería naval, fueron fundamentales para el dominio heleno del Mediterráneo y, en última instancia, para el desarrollo de algunas tecnologías modernas.
A partir de ahí, lanzó una idea central de su ponencia: sin Grecia no existiría la inteligencia artificial, no solo en sentido intelectual, sino también material y técnico. Pero esa misma tradición, advirtió, también ha heredado un imaginario ambivalente sobre la tecnología, oscilando entre la promesa de salvación y el temor a la corrupción.
En este punto entró en juego el hilo conductor filosófico de su intervención: los mitos griegos. Prometeo representa la visión optimista de la tecnología como ‘fuego liberador’ que permite a la humanidad sobrevivir y progresar. En contraposición, el mito de Pandora encarna el miedo a los efectos secundarios de ese mismo progreso: una tecnología creada artificialmente que libera males sobre el mundo.
Pero la reflexión más incisiva de Alonso se dirigió a Platón, a quien señaló como el gran articulador de una visión crítica —y a veces hostil— hacia la técnica. Desde la crítica a la escritura como tecnología que debilita la memoria hasta el mito del anillo de Giges en La República, el filósofo griego habría fijado una idea persistente: el poder técnico puede corromper al ser humano.
Alonso considera que esta herencia platónica sigue muy presente hoy, tanto en la academia como en la cultura popular, alimentando narrativas distópicas sobre la tecnología —de Matrix a Terminator— que tienden a simplificar el debate sobre la inteligencia artificial.
Frente a ello, el profesor universitario defendió la necesidad de abandonar los “grandes peligros indefinidos” para centrarse en problemas concretos: el desplazamiento laboral, los sesgos algorítmicos, la privacidad o la falta de explicabilidad de los sistemas de IA. También alertó sobre la dependencia creciente de herramientas como los sistemas de navegación o los modelos conversacionales, que ya están reconfigurando nuestra relación con el conocimiento.
La nube es el mejor invento de marketing
Uno de los momentos más llamativos de su intervención llegó al hablar del impacto ambiental de la inteligencia artificial. Ante un auditorio plagado de empresarios y empleados de empresas de tecnología y en un evento patrocinado -entre otros- por Microsoft, Google, AWS o Salesforce, Alonso criticó la propia terminología de la ‘nube’, a la que atribuyó un enorme éxito de marketing por su capacidad de evocar algo inmaterial, limpio y ligero.
“Para algunos autores, el concepto de la nube debería ganar si no existiera el Premio Nobel de la publicidad”, ironizó, subrayando que detrás de esa metáfora se esconde una infraestructura física compleja y altamente contaminante: cables submarinos, centros de datos por todas partes, consumo energético masivo, minería de litio y tierras raras, así como una creciente huella de residuos electrónicos. «Más que nube, deberíamos hablar de nubes tóxicas», apostilló.
En su argumentación, recordó que los data centers ya consumen cerca del 2% de la electricidad mundial, una cifra que sigue creciendo a medida que se expande la inteligencia artificial generativa. También mencionó el impacto de la basura electrónica, que en 2022 alcanzó los 62 millones de toneladas a nivel global, con especial incidencia en países en desarrollo, usados como «vertederos» en muchos casos.
Una oportunidad para definir la identidad humana
En la parte final de su intervención, Alonso dio un giro más filosófico para abordar lo que considera una “crisis de identidad” provocada por la inteligencia artificial. Si estas tecnologías empiezan a igualar o superar a los humanos en ámbitos como la educación, la medicina o la justicia, planteó, la pregunta inevitable es qué papel nos queda como especie.
También advirtió de un escenario cada vez menos futurista: el de la IA como sustituto de relaciones humanas, ya sea como compañeros, amigos o incluso parejas. Más allá del impacto laboral, consideró este punto como uno de los más sensibles en la transformación social en marcha.
Aun así, el filósofo evitó un tono derrotista. Para Alonso, este momento de cambio es también una oportunidad para redefinir qué significa ser humano en un entorno profundamente tecnológico. La clave, concluyó, no es oponerse a la tecnología, sino integrarla en el debate sobre el tipo de sociedad que queremos construir.
Alberto Payo
Seguir a @albertopayo
Últimas entradas de Alberto Payo (ver todo)
- Marcos Alonso: «La IA generativa está provocando una crisis de identidad en el ser humano» - 17 abril, 2026
- Microsoft dice adiós a Outlook Lite - 14 abril, 2026
- El Penitente marca el paso de la Semana Santa - 2 abril, 2026











