Plaud Note y Note Pro: IA que entiende en la cercanía

En los últimos meses hemos visto cómo las herramientas de transcripción impulsadas por inteligencia artificial se han convertido en el nuevo juguetito favorito de periodistas, ejecutivos, estudiantes y creadores de contenido.
Entre todas ellas hay una marca que ha logrado destacar especialmente por un planteamiento muy concreto: hardware dedicado, pequeño, elegante y pensado para grabar reuniones y llamadas sin depender únicamente del móvil. Hablamos de PLAUD.
Durante varias semanas hemos podido probar tanto el Plaud Note como el Plaud Note Pro, dos dispositivos que combinan grabación de voz, transcripción automática y resúmenes generados mediante IA.
Su modus operandi es muy sencillo: pulsas un botón, grabas una conversación y obtienes después un texto estructurado con puntos clave, tareas, resúmenes o incluso mapas mentales. Después, puedes mejorar esas notas con texto de tu cosecha para añadir contexto o con imágenes.
Estos cacharros funcionan y lo hacen muy bien. Pero también tienen algunas limitaciones importantes que conviene tener en cuenta antes de lanzarse a comprar uno. Vamos a verlas.
Finos, filipinos

Lo primero que llama la atención al sacar cualquiera de los dos modelos de su caja es el diseño. PLAUD ha entendido perfectamente algo que otras compañías todavía no han asumido: que un gadget de productividad siempre debe resultar cómodo de llevar.
El Plaud Note original tiene un formato de tarjeta de crédito ultrafina y puede adherirse magnéticamente al móvil mediante MagSafe o usando el anillo incluido. El Note Pro mantiene esa filosofía pero refina todavía más la experiencia con un cuerpo más premium, acabado metálico y una pequeña pantalla frontal AMOLED llamada InstantView Display.
Aquí es donde ambos dispositivos brillan especialmente. Son increíblemente ligeros y discretos. El Note Pro pesa apenas 30 gramos y tiene un grosor de unos 3 milímetros, algo que hace que prácticamente desaparezca en el bolsillo. También puedes llevarlo ‘pegado’ al teléfono y no notarás tu smartphone mucho más ‘gordo’.
Dejando su apariencia de lado, otra de las cosas que resulta un puntazo es poder grabar y parar la grabación con pequeño toque prolongado y destacar las partes importantes pulsando el botón cuando corresponda. Es como si estuvieras marcando frases interesantes de un libro con un subrayador.
Una app para gobernarlas a todas

El hardware de PLAUD hace las veces de grabadora física pero, obviamente, requiere de un software para que le saques todo el juguillo a las transcripciones. Aquí es donde entra en juego la plataforma PLAUD AI, que es la encargada de procesar el audio que has obtenido usando modelos de IA como GPT, Claude o Gemini.
Para disponer de ella debes descargar una aplicación móvil que es la verdadera salsa de este ecosistema. Se supone que la app puede transcribir conversaciones en hasta 112 idiomas, diferenciar interlocutores, generar resúmenes automáticos, crear esquemas, exportar texto, usar plantillas específicas para todo tipo de cosas (hay más de 10.000) y consultar grabaciones antiguas mediante Ask Plaud. Aunque ahora veremos que algunas de esas características funcionan mejor que otras.
Voces solo a veces
En conversaciones cercanas el resultado es francamente bueno con ambos modelos. Entrevistas uno a uno, reuniones pequeñas o llamadas telefónicas quedan registradas con bastante precisión. Igualmente van como un tiro con el sonido de la tele o de unos altavoces próximos. La separación de voces suele funcionar correctamente y los resúmenes automáticos son sorprendentemente útiles para recuperar ideas rápidamente. Así, en un contexto periodístico, como el mío, los Note pueden ahorrar muchísimo tiempo.
Ahora bien, cuando pasamos a conferencias en español o ponencias donde la fuente de sonido está lejos, la cosa cambia. Aunque PLAUD presume de captación a varios metros (hasta 5) y el Note Pro mejora claramente respecto al modelo estándar, en salas grandes o con reverberación aparecen problemas significativos.
Si no estás relativamente cerca del altavoz, la transcripción pierde precisión y el sistema empieza a cometer errores bastante visibles, especialmente con nombres propios, tecnicismos o frases rápidas en castellano.

En alguna conferencia o rueda de prensa hemos comprobado, para nuestro disgusto, como algunas partes han quedado mal recogidas o directamente omitidas. El dispositivo puede hacerse un lío cuando hay mesas redondas o paneles con varios ponentes y tampoco registra correctamente las palabras en inglés si el idioma general que se está hablando es el español. Esto, en un contexto, como el del marketing o la tecnología, puede ser un hándicap importante, dado el gran número de anglicismos que se suelen usar.
Hemos probado el PLAUD con varios idiomas y está claro que el inglés continúa siendo, sin lugar a dudas, el idioma mejor optimizado. Esto no es ningún secreto. Pese a que el fabricante asegura que trabaja con más de 100 lenguas, la de Shakespeare es su favorita y eso se nota. Esto es importante decirlo y recalcarlo porque el mensaje promocional de este tipo de gadgets suele transmitir cierta sensación de ‘magia perfecta’ que todavía no existe.
No es un problema exclusivo de PLAUD, ojo. Le ocurre también a muchas plataformas de IA actuales. Pero en eventos grandes o auditorios seguimos recomendando acercarse lo máximo posible a la fuente de audio o incluso usar una grabadora adicional, como pueda ser la del propio teléfono, para no llevarse sorpresas.
Normal VS Pro

La diferencia visual más evidente entre ambos modelos es la tenencia de una pestaña para cambiar de modo en el Note y la de una pantallita en el caso del Note Pro.
Con el primero modificas la posición de este pequeño interruptor y así pasas del modo Nota al modo Llamada (para la grabación exclusiva de llamadas telefónicas) o viceversa. El Pro prescinde de esa pestaña e incluye un detector automático muy útil, sobre todo para personas despistadas, como es mi caso.
Más allá de eso el Pro aporta otras mejoras tangibles. Su sistema de cuatro micrófonos ofrece una mejor captación ambiental. Y la pantalla frontal que comentaba puede parecerte una tontería al principio, pero cuando vuelves al modelo básico te das cuenta de lo cómodo que resulta saber instantáneamente si estás grabando.
También mejora la batería. En el modo Nota puedes llegar hasta las 50 horas de autonomía aproximadamente.
En resumen, en mi opinión, merece la pena hacerse con el Note Pro, ya que solo cuesta 20 euros más que su antecesor (el Plaud Normal sale por 169 euros y el Pro por 189).
Pagar y repagar

Comprar el cacharro únicamente te valdrá de poco si tu intención es recurrir a él con frecuencia. Adquirir el hardware es solo la puerta de entrada.
Y es que el uso real de la IA está limitado por minutos de transcripción. Al activar el dispositivo se incluye un plan Starter con unos 300 minutos mensuales, que sirve para grabaciones ligeras como reuniones ocasionales o entrevistas puntuales.
A partir de ahí entran los planes de pago. El plan Pro lo amplía hasta unos 1.200 minutos al mes e incluye acceso a más plantillas, mejores herramientas de análisis y funciones avanzadas como consultas sobre tus propias grabaciones. Por encima está el plan Unlimited, pensado para uso intensivo, donde desaparece esa barrera de minutos. Aunque tiene su truqui, porque cuenta con un límite operativo de hasta 24 horas de transcripción al día.
Las suscripciones no son nada baratas. Si optas por el Starter debes apoquinar 19,99 euros al mes o 110,99 euros al año y si te decantas por el Unlimited tienes que desembolsar 34,99 euros mensuales o 224,99 anuales.
Conclusión

No es casualidad que más de 2 millones de profesionales confíen en los PLAUD. La marca ha logrado crear uno de los ecosistemas de grabación y transcripción con IA más cómodos y pulidos del mercado.
Tanto el Note como el Note Pro brillan en entrevistas, reuniones pequeñas o llamadas, donde ofrecen muy buenos resultados y una experiencia realmente fluida. El Pro, además, aporta pequeños extras que terminan haciendo la experiencia más redonda. Es decir, son ideales en las ‘distancias cortas’.
Pero conviene tener claras sus limitaciones. En auditorios, conferencias o salas grandes la precisión baja bastante, especialmente en español y otros idiomas distintos del inglés, que sigue siendo el ‘niño bonito’ para la marca (y los proveedores de herramientas de IA generativa en general).
Aunque el hardware es elegante y la app funciona correctamente, el modelo de suscripción empaña un poco todo el conjunto. Y es que después de soltar cerca de 200 euros por el gadget, tener que asumir cuotas mensuales relativamente altas para desbloquear todo su potencial puede echar para atrás a más de uno.
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Alberto Payo
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