Mortal Kombat II, una buena y divertida secuela de otra película ‘sin sangre’

Escribir de algo relacionado con Mortal Kombat es abrirme el pecho y sacarme un trozo de corazoncito (casi como si me estuviera haciendo un Fatality a mí mismo). Y también tiene mucho de Friendship, claro.
Recuerdo aquellas tardes de viernes echando ‘unos vicios’ al juego original en la Master System que presidía la terraza acristalada de mi amigo Eduardo, esperando que su madre, Esperanza, nos preparara un rico bocata de Nocilla o mortadela. Eso cuando no tocaba Sonic.
También me acuerdo de aquellas tardes aporreando botones con Jona, Jose o Pablo en el 3X3, unos recreativos que había frente a La Vaguada. Las monedas de 25 pesetas se esfumaban rápidamente del bolsillo solo por ver cómo al personaje del rival le tambaleaban las piernas y acababa partido en trocitos. Qué espectáculo era asistir a aquellas muertes de Mortal Kombat II.
No se me olvidará como cada semana me dirigía al kiosco de la calle Monforte de Lemos a comprar el cómic del juego en formato grapa, muchas veces antes de ir a la piscina climatizada a hacer unos largos. Los ‘hijos del dragon’ se quedaban con parte de mi presupuesto de la propina que iba a cultura quitándole una pequeña partida a mis queridísimos X-Men de los 90.
Hoy sonrío solo de pensar lo emocionante que fue para mi tener el juego en la Game Boy y la capacidad de abstracción que demostraba para visualizar la sangre saliendo a borbotones (aunque algo censurada) en ese verde monocromo.
Luego llegó la película y también me dejé caer por el cine solo para ver cómo Christopher Lambert hacía de una suerte de Raiden que podría ser un primo imberbe de Gandalf. Así que treinta años más tarde tampoco podía faltar a la cita del torneo más gore del mundo con el mundo del celuloide.
En estas tres décadas de tránsito ha habido otras propuestas cinematográficas, como la fallida Mortal Kombat: Annihilation, que prescindió de parte del elenco original y se pasó de rosca con efectos, cromas y maquetas. Si algo sangraba con esa película, eran los ojos del espectador. Pero oye, metió a algunos personajes de los que ya casi ni nos acordamos dándose de tortas.
Además, en 2021 se estrenó otra propuesta que supone una especie de precuela de la actual y que se centraba en la relación entre los personajes de Scorpion y Sub-Zero, quedándose como una especie de peli de ninjas vengativos. Aunque aquí ya aparecía Raiden y su elenco de campeones, así como toda la tropa maligna, podemos decir que fue fallida porque el protagonista era un tipo que nadie conocía (tuve que salir del cine para buscar si había salido en algún videojuego). Mortal-mente aburrida y sin espíritu, como si lo hubiera absorbido Shang Tsung.
Cage, una caja de sorpresas

Y en 2026 ha llegado Mortal Kombat II, una digna secuela que tiene momentos memorables. El mayor acierto es, sin lugar a dudas, la llegada de Johnny Cage, que le da tanto carisma al filme como a las pelis que hace en la propia peli. Aquí, el guiño es maravilloso porque Cage es un actor de artes marciales algo venido a menos, un juguete roto que tuvo su boom en los 90 pero que hoy no se come un rosco ni siquiera en las Comic-Con donde firma gratis.
Tiene guasa que un tipo que hace de Carnicero en otra serie donde también hay vísceras por todas partes (The Boys) sea el ‘corazón’ de esta cinta no menos sangrienta. Cuando sale Cage todo ese misticismo oriental que rezuman Raiden y Liu Kang se van al traste y la cosa es mucho más digerible. Las bromas y referencias a la cultura pop te sacarán una sonrisa si, como yo, eres un hijo de tu tiempo.
Aprovecho para hacer un inciso y decir que en la sala había unos cuantos varones cuarentones como yo con camisetas frikis y yendo en pandilla a ver la peli. Parece que ese el público objetivo, junto a algún treintañero que se comió versiones posteriores.
Y luego está Kano, que en esta entrega hasta te va a caer bien. El director ha tenido la idea de juntarlo con Cage y ambos son una suerte de Martes y Trece del Outworld. Chiste para arriba, broma para abajo y mucho desparpajo. Gracias, MCU. Gracias Marvel.
Mortal Kombat II no te va a decepcionar respecto a los combates. Hay buenos leñazos y peleas para dar y tomar. Las coreografías y ‘las magias’ son una maravilla, aunque curiosamente las que más merezcan la pena sean las del propio Cage, que aquí es el único que parte sin poderes. La estrella del celuloide hace su propio viaje del héroe de Campbell, pero sin perder chispa.
Otro que tampoco defrauda es Baraka, el colmilludo de Barakaldo (Tarkata en castellano). Puede decirse que su pelea y la de uno de los campeones del dios del trueno es la más molona de la peli. Espero que al decirte esto y no desvelarte nada más, te haya puesto los dientes largos. Es el mejor monstruo de la cinta… por no decir el único. Llamadme morboso, pero me habría gustado ver a algún otro bicho gigantesco y con muchos brazos, piernas o apéndices de Outworld.
Puede que te caigan en gracia Kitana y Jade y hasta el nigromante. El resto de personajes son bastante planos y, sí, algunos palman. Seguramente no te den mucha pena cuando mueran y hasta lo disfrutes. No te sientas mal. Es que de esto va Mortal Kombat. Hay sangre, miembros cercenados y casquería por todas partes. Hemos venido a eso, carajo. Más rojo, por favor, más.
Así que si quieres darte un buen baño de hemoglobina y nostalgia no te pierdas la peli. Hay escenarios conocidos, frasecitas que te harán decir ‘¡lo he pillado¡’ y movimientos de esos que te aprendías después de comprarte una guía especial de la Hobby Consolas. Y tiene como guinda el pedazo de tema techno de las pelis originales. ¿Le faltan cosas? Sí, pero puede que nos las dejen para una posible Mortal Kombat 3.
¡Finish him!
Alberto Payo
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