OpenAI no quiere un móvil, quiere redefinir cómo lo usamos

Primer semestre de 2027. Es la fecha que, según el analista tecnológico Ming-Chi Kuo, estaría barajando OpenAI para comenzar la producción en masa del que será su primer smartphone. Kuo, todo un referente en el seguimiento de la cadena de suministro de tecnología, asegura que lanzar su propio dispositivo, y controlar, por tanto, tanto el sistema operativo como el hardware, es la única forma en que la compañía creadora de ChatGPT podrá ofrecer un servicio integral de agentes IA.
Es cierto, de seguir adelante, las especificaciones técnicas destacadas tendrían poco que ver con aquellas a las que estamos acostumbrados, como la duración de la batería, la calidad de la cámara o la resistencia de la pantalla. El de OpenIA tiene que ser un teléfono que dé a la IA ojos, contexto y capacidad de actuar de forma autónoma.
Para Kuo, una de las características estrella sería su procesador de señal de imagen, con una canalización HDR mejorada que optimizaría la percepción del entorno real, es decir, lo que la inteligencia artificial ve a través de la cámara.
El terminal también incorporaría procesadores específicos para IA, que permitan gestionar simultáneamente tareas diferentes (por ejemplo, visión y lenguaje), así como memoria más rápida, y un sistema de seguridad adaptado al contexto agéntico.

Los partners in crime
Para hacerlo realidad, el analista tecnológico apunta a MediaTek como socio único para el desarrollo de los procesadores —utilizaría una versión personalizada del Dimensity 9600— y a Luxshare Precision Industry para la fabricación del dispositivo. Si el calendario se cumple, asegura, podrían enviarse al mercado unos 30 millones de unidades entre 2027 y 2028.
Estas fechas suponen un adelanto de un año frente a las previsiones iniciales que Ming-Chi Kuo había publicado en abril. Vincula este cambio a la salida a bolsa de OpenAI, prevista para finales de año, ya que un producto de hardware convincente podría reforzar su relato ante los inversores, y a la competencia creciente en el desarrollo de teléfonos impulsados con IA. Aquí entran no solo el combo Deutsche Telekom-Perplexity, sino también Amazon y los clásicos Apple, Google y Samsung.
¿Un cambio de planes?
Si bien es cierto que la empresa no ha realizado ningún anuncio oficial al respecto, para la industria tampoco ha pasado desapercibido el post que Sam Altman publicaba en X apenas unas horas antes de la revelación del analista tecnológico. “Parece un buen momento para repensar seriamente cómo están diseñados los sistemas operativos y los interfaces de usuario”, rezaba la publicación.
feels like a good time to seriously rethink how operating systems and user interfaces are designed
(also the internet; there should be a protocol that is equally usable by people and agents)
— Sam Altman (@sama) April 26, 2026
El anuncio sorprende, no obstante, porque, hasta la fecha, la ambición de la tecnológica de entrar en hardware parecía alejada del desarrollo de un teléfono inteligente.
Cuando OpenAI compró io Products, la startup de Jony Ive, la compañía habló de una nueva familia de productos o dispositivos de IA y de una forma distinta de interactuar con la tecnología.
Altman había dicho meses antes que el proyecto con el ex jefe de diseño de Apple no sería fabricar “un teléfono mejor” y las publicaciones insistían en la idea de un dispositivo de bolsillo, sin pantalla y consciente del contexto. Queda por dilucidar si el giro hacia un smartphone tiene que ver con una línea paralela de productos o una reinterpretación del proyecto original.
La vuelta al móvil
Lo que sí parecen obvios son los motivos por los que a una empresa como OpenAI le interesaría desarrollar su propio móvil.
Para el analista Ming-Chi Kuo, los smartphones van a seguir siendo la categoría de dispositivos de mayor escala, y solo un aparato que llevamos con nosotros todo el día puede captar el estado completo del usuario en tiempo real, que es la entrada más importante para la inferencia de un agente de IA.
Por otro lado, la inteligencia artificial se está convirtiendo en un servicio básico de consumo. Según el Consumer AI Adoption Benchmark de PYMNTS Intelligence, publicado en marzo, las tareas que los consumidores estadounidenses piden actualmente a los modelos tienen poco que ver con las vistosas funciones de investigación y creación de contenido que impulsaron la primera ola de adopción.
Las más demandadas son editar textos personales, redactar mensajes y correos electrónicos, encontrar enlaces a productos, consultar síntomas o aprender nuevas habilidades. Las que mayor crecimiento han experimentado en los últimos seis meses son cuestiones de logística doméstica, como la búsqueda de códigos de descuento, la planificación de comidas y compras, o los recordatorios de facturas y citas.
Todas ellas son actividades que ocurren a lo largo del día, en pequeños descansos, desde el transporte público, en la cola del supermercado o en el sofá, y casi siempre desde un móvil.
En este contexto, OpenAI solo tiene dos opciones: o seguir siendo un invitado en casa ajena o desarrollar un dispositivo que pueda controlar de principio a fin.
Tener su propio smartphone le permitiría no ya añadir una capa de IA a un terminal pensado para apps, sino diseñar el producto completo alrededor de la solución agéntica, algo más cercano a la ambición de la compañía de transformar la arquitectura de interacción.
Si el fin último es que el usuario pase de abrir apps, tocar iconos y navegar entre pantallas a definir un objetivo y delegar la ejecución en un asistente virtual, la IA necesita acceso profundo al sistema, contexto continuo, memoria local y privada, y una cámara, un micrófono y una interfaz pensados para ello. Y eso es mucho más fácil si todo el proceso de producción está centralizado en la misma organización.
Isabel R. Benítez
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