Marita Alonso: «El match actúa como un refuerzo positivo capaz de generar dependencia»

Las apps de citas se han convertido en la principal vía para ligar y, más allá de ser herramientas para tender puentes entre personas, han transformado -y roto- la manera en la que nos relacionamos con nuestros intereses románticos.
Aunque parezca mentira, Tinder, la aplicación que marca el paso, cumplirá en unos meses 14 años. Un gesto tan simple como deslizar a izquierda o derecha ha banalizado algo tan complicado como encontrar pareja formal o sexual, reduciendo todo este proceso a una suerte de juego de mesa. Muchos y muchas empiezan a cansarse de tratar y ser tratados como productos de un catálogo y buscan otras opciones menos superficiales y más presenciales.
Sin embargo, este hastío no significa que las aplicaciones de dating hayan muerto. Las hay de todo pelo y condición y no hay mes donde no aparezca una nueva para un determinado colectivo o explotando una curiosa funcionalidad.
Sobre todos estos aspectos y muchos otros referentes a estas plataformas reflexiona la periodista especializada en cultura, entretenimiento y cultura pop Marita Alonso en su último libro, La Venus del smartphone. El título aborda también cómo nos enganchan estas herramientas, cómo hacen negocio y qué papel desempeñan la política, el dinero y el sexo en ellas. Marita nos ha concedido un hueco para hablar sobre su obra y cómo han evolucionado estas appps.
– Los que buscan algo serio están pidiendo opciones más reales y personales. ¿Está Tinder abocada a quedarse como una app de dating para los mayores del futuro, como ha pasado con Facebook, o desaparecer, como ocurrió con Myspace?
A no ser que consigamos disponer de unas condiciones laborales que nos permitan conciliar el trabajo con la vida personal, las dating apps van a ser una herramienta importante. ¿Cómo vamos a encontrar pareja si llegamos a casa a las 21h agotados?
Ojo: tampoco es fácil llegar en tales condiciones de agotamiento físico y mental, tener que buscar pareja a través de las dating apps y poner en marcha conversaciones en las que seamos los interlocutores adecuados, pero al menos podemos hacerlo desde nuestra casa. Lo importante es saber que quien quiera pareja, no puede esperar que haya un giro Disney que haga que el amor de su vida aparezca por arte de magia. El amor hay que buscarlo y las dating apps son una manera más de encontrarlo.
– ¿Qué opinión te merecen las apps de citas segmentadas (por profesiones, aficiones comunes, tribus urbanas, practicantes de religiones, etc),?
– Cualquier segmentación puede conducir a guetos, pero cada cual sabe lo que busca y hay quienes quieren cosas tan concretas, que pueden encontrar en apps tan segmentadas unas buenas aliadas. Si muchas de estas propuestas no acaban de cuajar es porque pensamos que son aplicaciones absolutamente personalizadas, cuando no es así. Quien quiera algo extremadamente personalizado, tendrá que acudir a un matchmaker… Y ojo: el dinero no garantiza que vayas a encontrar pareja. Quizás si eres Jeff Bezos sí, claro…
– ¿Qué opinas de esas apps que intentan gamificar el dating hasta niveles ridículos, tipo citas con misiones, badges o ‘niveles de compatibilidad’?
– Tinder nació vanagloriándose de promover la gamificación, y lo cierto es que estas aplicaciones quieren que permanezcas en ella el máximo tiempo posible. En teoría quieren que encuentres pareja pero si lo haces, son un triunfo como aplicación y un fracaso como negocio.
– Las relaciones líquidas convierten tanto el sexo como los vínculos afectivos en un juego y esta lógica se traslada a las aplicaciones, donde el fenómeno se intensifica y las personas terminan por ser cosificadas. Los matches funcionan como los likes, validaciones que confirman que nuestro yo virtual —que a menudo reemplaza al real— es deseado y admirado. En definitiva, el match actúa como un refuerzo positivo capaz de generar dependencia en muchos usuarios. No es raro terminar enganchado.
– Grindr y otras apps LGTB+ han tenido problemas de privacidad y filtrado de datos. ¿Es un riesgo que los usuarios aceptan a cambio de comodidad y rapidez?
Las aplicaciones están luchando para promover la seguridad y la privacidad. Lamentablemente, cuando te relacionas con hombres, te expones a riesgos, tanto en aplicaciones como cuando lo haces al margen de las pantallas. Lo que me enfada y frustra es que tengamos que vivir con miedo. No hay algoritmos contra eso… Al quedar con alguien asumes todo tipo de riesgos, desde físicos hasta psicológicos. Para mí, buscar pareja es una actividad de riesgo.
«Enviar una imagen de tu pene sin consentimiento es una forma de poder y dominación»
– ¿Por qué lo llaman cyberflashing cuando quieren decir fotopollas?
– Enviar este tipo de imágenes sin consentimiento vuelve a ser una forma de poder y dominación. Quienes reciben este tipo de imágenes pueden sentir miedo, culpa, soledad, indefensión, autoinculpación…
Una manera de protegerse del envío de estas fotografías es configurar con mayor nivel de seguridad nuestros dispositivos pero, una vez más, qué lástima tener que estar siempre buscando maneras de protegernos de quienes quieren atemorizarnos. Porque NADIE envía una imagen de su pene sin consentimiento como mecanismo de seducción, sino de poder.
– ¿Por qué incluso en plataformas como Raya, hay usuarios que “se pasan de la raya”? ¿No deberían cuidar más estos perfiles su manera de comportarse al ser personajes públicos?
– Sean personajes públicos o no, el problema es que muchos hombres se creen con derecho a actuar como se les antoja. Lo cierto es que siempre me ha asombrado la manera en la que algunos famosos se comportan por ejemplo en Instagram, enviando cierto tipo de mensaje que termina por filtrarse con una sencilla captura de pantalla. Supongo que es a causa de la sensación que tienen de estar por encima de todo.
– Cada vez parece que las apps de citas sirven menos para citas reales y más para charlar o sentirse acompañado. ¿Estamos viviendo un cambio en lo que buscamos de estas plataformas?
– Hay quienes las emplean efectivamente para hablar y ese es un asunto delicado, porque para eso existen otras aplicaciones. Es como quien liga a través de LinkedIn: no tendría que hacerlo porque las insinuaciones románticas y el acoso de cualquier tipo constituyen una violación de las normas de la plataforma.
Cada vez hay más apps que recurren a la IA para intentar paliar la soledad, y eso es interesante. Pero, por favor, si alguien quiere hablar y no quiere quedar jamás, que no se convierta en los denominados pen pals y no use una dating app. Quien quiera hacer amigos por ejemplo puede recurrir a Bumble BFF.

– Antes no pagábamos por una agencia matrimonial, ¿por qué ahora normalizamos pagar por funciones premium en las apps de citas?
– Tenemos tantas ganas de encontrar el amor que cuando no damos con él en las aplicaciones, esas que en teoría nacen con la promesa de que encontraremos pareja, decidimos pagar un extra. Aquí lo delicado es en qué situación se pone quién paga, si cree tener más derecho a encontrar pareja que quien no, y cómo se comporta si queda con alguien que no paga por los servicios premium. ¿Quizás cree que la otra persona ‘le deba’ una buena cita? Si bastara con pagar para encontrar el amor, no estaría yo a dos velas…
– ¿Cómo definirías el fenómeno del hate dating? ¿Realmente hay personas que solo buscan quedar con alguien para trolear o fastidiar?
– Creo que se debe al hastío resultante de haber quedado con muchas personas que se han comportado de un modo similar e irritante. Hay quien antepone cómo se va a comportar el otro como mecanismo de defensa.
Hay quien cree que el odio une a la hora de crear parejas pero el hate dating al que aludimos aquí es el que se trata en And just like that, cuando una de las protagonistas queda con diferentes hombres a los que cala al instante, por lo que se antepone a lo que van a decir y se comporta como un troll. Si tienes tan poquísimas ganas de tener citas (algo que comprendo porque yo estoy a una cita de hacerme monja o de juguetear con el cianuro) mejor date un tiempo. Quedar con odio es horrible.
– Si ellas están hastiadas por no encontrar alguien decente y ellos se están volviendo cada vez más misóginos por sufrir un sinfín de rechazos ¿no están creando las apps de citas un caldo de cultivo bastante chungo?
– Gala Hernández López, directora de La mecánica de los fluidos, cree que las aplicaciones de citas, con sus algoritmos, pueden ser una fábrica de incels.
“Si tú eres un hombre que recibe rechazo continuamente resulta una experiencia nueva, porque antes ibas a un bar y te podían rechazar una o dos veces si intentabas ligar, pero nunca te rechazaban 200 personas seguidas. Y esto puede generar una frustración que luego se transforma en odio”, asegura.
Pero de nuevo, me pregunto… ¿Es problema de las apps o de quienes las emplean gestionando mal el rechazo? Y de nuevo… ¿Quiénes son esos que gestionan mal el rechazo y se comportan con violencia? Empieza por “homb” y termina por “res”.
«En el futuro habrá IAs que deslicen a izquierda o derecha por nosotros sabiendo cuáles son nuestros gustos y preferencias»
– En el libro comentas muy acertadamente que muchas de las apps de dating tienen detrás mayoritariamente a programadores hombres de Silicon Valley y eso afecta a cómo están diseñadas y a sus sesgos. ¿De estos problemas solo se salva Zyrcled o también otras como Bumble? ¿Crees que habrá más paridad entre los programadores en un tiempo prudencial?
– Lo creo y es necesario. Laura G. de Rivera, en Esclavos del algoritmo: Manual de resistencia en la era de la inteligencia artificial, subraya la importancia de tener en cuenta quién es el que programa los algoritmos encargados de detectar este tipo de contenido. Si los algoritmos los crean quienes los programan y que dependen de los datos provistos por quienes los entrenan, al haber tal cantidad de hombres blancos encargados de hacerlo, el sesgo es evidente y preocupante.
– ¿Será norma común que las empresas paguen una suscripción de Tinder a sus empleados como beneficio social e impulso a la conciliación?
– Si a las empresas les importara nuestra salud mental, abogarían por la conciliación. Y no lo hacen. Dan muchas charlas al respecto, pero no actúan. Que flexibilicen horarios, que no haya desigualdades salariales, que borren el acoso laboral… Y que nos dejen ya usar o no Tinder cuando salgamos del trabajo a un horario digno.
– Al ritmo al que vamos… ¿en las apps de dating del futuro tendremos siempre una IA para que nos sople qué decir?
– Mucha gente usa IA para ser más ocurrente o incluso por vagancia, para que mantenga conversaciones… Pero cuando quede con su cita, ¿quién va a ser ingenioso? Creo que habrá IAs que deslicen a izquierda o derecha por nosotros sabiendo cuáles son nuestros gustos y preferencias y que la IA ha llegado para quedarse en todos los ámbitos, por lo que también, en las dating apps.
– Si cada app de citas fuera un videojuego, ¿qué tipo de juegos serían Tinder, Grindr, Bumble o Hinge?
– De supervivencia, me temo:)
– ¿Cuál es el mensaje más raro, creativo o curioso que has visto en una app de citas?
– Me aterran los mensajes anti feministas, aunque al menos, funcionan como filtro para no ir a por esos perfiles. Hay muchos que hacen listados de lo que no quieren. “No me gustan las mujeres gritonas que no se depilan y que van en vaqueros”. De acuerdo, Manolo: tomamos nota.
– Como usuaria de apps de dating ¿cuál es la historia más bizarra o surrealista que te ha ocurrido (y puedas compartir)?
– Un tipo que aseguraba ser el inventor del violonchelo andaluz (??) me citó en un bar de gatos (???) y se dedicó a insultarme a lo largo de la cita, diciendo que era “una pija madrileña”. En las conversaciones en la app no era deleznable, pero en el cara a cara…
– Si un match se presenta en una cita con tu libro en la mano, ¿qué le dirías?
– Que se compre otro para llevarlo en la otra mano.

Fotos: Virgili Jubero
Alberto Payo
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