¿Conseguirá ChatGPT sustituir a la App Store?

La idea no es del todo nueva. Prácticamente desde el minuto uno de vida de ChatGPT, habrás oído campanas que anuncian el final de las aplicaciones móviles tal y como las conocemos.
Dicen que todo acabará pasando por estos asistentes conversacionales que, llegado el caso, serán capaces de coger la batuta y, de manera autónoma y proactiva, hacernos la compra, reservar nuestras próximas vacaciones o incluso seleccionar y encargar los regalos de Navidad para toda la familia. Sin embargo, parece que, de momento, seguiremos usando un tiempo futuro para describir ese escenario. Así lo advierte un análisis de The Wall Street Journal que ha puesto a prueba las principales integraciones de ChatGPT con otros servicios digitales en EE.UU.
El diario estadounidense hace referencia a una entrevista con medios en diciembre en la que Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, aseguraba que nos centramos demasiado en la rivalidad entre ChatGPT y Gemini (de Google), cuando, en realidad, su verdadero adversario es Apple. El plan de la compañía es convertir a ChatGPT en un sistema operativo; o sea, que, en lugar de abrir una app concreta, formulemos nuestras peticiones en lenguaje natural y el LLM se encargue de ejecutar la tarea.
En teoría, esto pone en cuestión el modelo de la firma de Cupertino y el control que ejerce sobre el acceso a servicios digitales y comisiones. De hecho, OpenAI está diseñando toda una familia de dispositivos junto al ex diseñador de la empresa de la manzana, Jony Ive, y uno de ellos, según Altman, aspira a sustituir al iPhone.
Ahora bien, que sea la apuesta de la compañía no quiere decir que sea realista… al menos, en el corto plazo.
Según WSJ, aunque ChatGPT ya permite interactuar con servicios como Instacart, Spotify o AllTrails sin salir del LLM, el resultado dista bastante de reemplazar a las aplicaciones nativas de cualquier teléfono móvil. Las pruebas realizadas muestran una experiencia irregular: algunas integraciones funcionan razonablemente bien, pero otras se quedan en poco más que respuestas informativas o enlaces que redirigen al usuario a una web externa o a la app tradicional. De hecho, mensajes de error, tiempos de espera largos y la necesidad de formular comandos muy concretos son habituales.
Solo Instacart pasa la prueba
El caso de Uber es ilustrativo. Desde ChatGPT se pueden consultar precios estimados o tiempos de llegada, pero no reservar directamente un trayecto. El proceso acaba siendo más lento que usar la app del iPhone y obliga al usuario a repetir datos cuando se le redirige al navegador. Algo similar ocurre con servicios como OpenTable o Tripadvisor, donde la teoría de la simplificación choca con una ejecución todavía inmadura.
El razonamiento estratégico es evidente. Quien controla el punto de partida de la experiencia digital controla también uno de los peajes más valiosos de internet. Apple lo hace hoy a través de la App Store; OpenAI quiere hacerlo mañana mediante conversaciones con un agente conversacional. A medida que más usuarios empiecen sus transacciones desde ChatGPT su posición negociadora frente a desarrolladores y socios podría fortalecerse.
Por ahora, no obstante, ese futuro es más promesa que realidad. La integración más sólida es la de Instacart, que permite incluso generar un menú semanal y llenar un carrito de la compra sin errores, antes de pasar al pago en su web.
No es casual. OpenAI cobra una comisión por transacción y la integración se desarrolló tras la incorporación a OpenAI de Fidji Simo, ex-CEO de Instacart, lo que facilitó un trabajo conjunto muy estrecho entre ambas compañías. Pero ese nivel de integración profunda sigue siendo la excepción, no la norma. Y plantea además otra pregunta incómoda: ¿cuántas empresas estarán dispuestas a ceder datos críticos y parte de la relación con el cliente a un intermediario como OpenAI?
De momento, abrir una app en el iPhone sigue siendo más rápido, más fiable y, sobre todo, más predecible. ChatGPT apunta maneras como posible “tienda de aplicaciones conversacional”, pero hoy funciona más como experimento que como alternativa real al almacén de Apple. Si algún día llega a convertirse en la nueva App Store, todavía tendrá que demostrar que puede hacerlo mejor -y no solo de forma diferente- que las apps tradicionales.
Isabel R. Benítez
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